Seleccionar página

Éste ha sido el artículo más difícil de escribir hasta el día de hoy, y decidí escribirlo a raíz de un mensaje que recibí esta mañana.

Uno de mis amigos en Facebook, que había estado ayudando durante mucho tiempo para que se iniciara en el mundo de la programación, me escribió diciéndome que renunciaba. Me dijo que él amaba la programación, pero que se daba por vencido. Que había reprobado su clase de programación y que le dio coraje que uno de sus compañeros nunca iba a clase y pasó la materia; mientras que él, siempre asistió a clase, hizo todas las tareas, las entregó a tiempo y después de todo su esfuerzo no logró pasar el examen final.

Cuando leí ese mensaje al principio me dio coraje. Me dio coraje porque después de todo el tiempo que le dediqué gratuitamente y sin interés alguno, me decía que renunciaba. Después de que incluso escribí un programa de casi 100 lineas para tratar de explicarle un problema que no entendía, después de todo el esfuerzo y confianza que puse en él me dijo: “renuncio”. No lo podía creer.

Estaba contestándole su mensaje con palabras muy similares a las que acabo de escribir junto con ofensas como “gracias por hacerme perder mi tiempo” y justo antes de presionar el botón “enviar” algo dentro de mi me dijo: “Por favor Alan, no te hagas el santo… al menos él tuvo el valor de decir que renunciaba. En cambio ¿tú? Tú eres un cobarde.”

En ése preciso momento tuve una visión hacia el pasado y me acordé que cuando tenía 12 años, yo era el único niño en la secundaria con una computadora, con internet y con un quemador de CDs en casa por lo que empece a vender discos de música pirata a 50 pesos el disco. Después de 2 semanas, toda la escuela sabía de mi negocio y no era raro para mi ganarme 250 pesos por día (alrededor de 20 dólares) y esa cantidad para mi, a esa edad, era una fortuna.

Mi mejor amigo en aquél entonces se enteró de mi negocio y decidió hacer lo mismo en su secundaria y yo iba a ser su proveedor. Él vendía los discos a 70 pesos y me daba 50 a mi. En unos meses formé mi imperio de música pirata en 2 secundarias, me visualicé como todo un mogul de la piratería, tenía mis planes para expander el negocio a mas secundarias, preparatorias y Universidades. Hasta los maestros me compraban mis discos piratas. Me imaginaba que iba a tener millones para mis 13 años y todo iba viento en popa hasta un buen día que me aburrí. Estaba ganando dinero, pero bajar canciones de KaZaA y quemarlas en un disco era muy aburrido y decidí cerrar mi negocio. Los pedidos que tenía pendientes nunca los entregué y eventualmente dejaron de pedirme discos pirata.

Cuando cerré mi “negocio” dejé de contestarle las llamadas a mi amigo y no salir a la puerta cuando iba a visitarme. No solamente arruiné mi relación profesional, sino también la personal que tenía con él. El último mensaje que me dejó fue el de: “ya compré mi quemador de CDs. Háblame para jugar starcraft”. Nunca le hablé. Lo último que supe de él es que es millonario, ganador de multiples premios del emprendedor del año y dueño de una empresa de marketing que vende productos de otras personas en centros comerciales. Mientras, yo sigo trabajando (irónicamente) para una compañía de marketing como programador de computadoras.

Cuando tenía 15 años empecé a vender páginas web, en aquél entonces solamente había otro negocio en la ciudad en ese sector; por lo que fue relativamente sencillo hacerme de clientes rápidamente. Eso era en el tiempo cuando se cobraban 20,000 pesos mensuales por una página en HTML. Mi estrategia para quitarles clientes fue la de venderlas a 5,000 pesos sin cuotas mensuales. (nunca hagas eso, si vas a vender mas barato que tu competencia, vende 5-10% mas barato).

A mis 15 años ya estaba ganando por semana casi el doble de lo que mis profesores ganaban al mes. En poco, tiempo empresarios de ciudades vecinas empezaban a ir a mi ciudad solo para buscarme e incluso un empresario ofreció pagarme el viaje a la ciudad de México solo para platicar conmigo. Por cierto, decliné esa oferta porque muy dentro de mi pensaba que ese señor me iba a violar o algo así.

Me volví a ver: millonario a los 18, y volví a visualizar mis viajes, fortunas, mi carro deportivo, casas y lujos sin control. Todo iba muy bien hasta que me volví aburrir. Me aburría hacer páginas web, subir imágenes, editar texto, usar photoshop, tomaba demasiado tiempo y realmente no había una manera de automatizar el proceso. Por lo que decidí abandonar el negocio y dejar mis clientes a la deriva. No tuve la cortesía, ni la ética profesional de decirles “Voy a renunciar”. Simplemente no contesté correos electrónicos, no contesté llamadas y después de un tiempo, se cansaron de tratar de contactarme y se buscaron otro proveedor.

Cuando me iba a graduar de la preparatoria necesitaba 200 horas de prácticas profesionales para obtener mi título de técnico en computación. Decidí pedir trabajo con mi antigua competencia y cuando llevaba como 100 horas, me di cuenta que tener un título de técnico era innecesario ya que iba a ir a la Universidad y mi título de Ingeniero iba a ser mucho muy superior al de técnico por lo que decidí no terminar mis horas profesionales. Lo correcto hubiera sido informarle a mi jefe en la empresa que iba a dejar de ir ya que no iba a sacar mi título de técnico. Sin embargo, fue mucho más fácil simplemente no volver a ir. Me trató de localizar por semanas para saber si me había pasado algo, pero eventualmente se cansó y dio por entendido que ya no iba a regresar.

Como nota adicional, el diseñador de esa empresa tenía un contacto con el gobierno de la ciudad y lo contrataron para que programara un juego web que le enseñara a los niños sobre los cuidados del agua. Estamos hablando de hace 10 años por lo que se pueden dar una idea de lo que un proyecto de tal magnitud costaba, y yo me iba a ganar el 30% del costo del proyecto. En ese entonces era mas de lo que muchas personas ganaban en un año. Empecé a programar el juego, pero cuando me salí de la empresa también deje de contestarle los correos al diseñador. Hoy, ese diseñador también es rico y es el orgulloso dueño de un Mercedes.

Me fui de mi ciudad natal para irme a vivir a Monterrey, Mexico y cursar la universidad en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Durante mi primer año de carrera el director del departamento de investigación de la universidad me ofreció un trabajo como Asistente de Investigador. Para tener ese puesto tienes que ser estudiante de posgrado o un genio. Yo no era ninguno. Recuerdo bien que era el primer día de clases; un Martes por la mañana. El profesor llegó al aula, se presentó, dio una introducción al curso y habló sobre un proyecto final, completamente opcional, que iba a tomar en consideración en caso de que nos faltaran puntos para pasar la materia.

El proyecto era un programa de computadora que le permitiera visualizar dos moléculas y opcionalmente que pudiera interactuar con las moléculas. La fecha limite del proyecto era al final del curso, pero se podía entregar cuando quisiéramos. 2 horas más tarde, yo estaba en su oficina enseñándole el proyecto final. No solamente podía visualizar 2 moléculas e interactuar con ellas, también podía agregar mas moléculas dinámicamente,  especificar el tipo de moléculas que eran, calcular el tipo y la fuerza del enlace que formaban e incluso saber si esas moléculas se podían combinar, y ah si… la simulación estaba animada y era en 3D.

El profesor estaba fascinado; me ofreció el trabajo en ese mismo momento. Un trabajo que, naturalmente, acepté en ese mismo instante sin entender completamente las implicaciones de ser un estudiante de Ingeniería y trabajar 4 horas al día como asistente de Investigador. Después de un tiempo, me di cuenta que no me gustaba el proyecto, que sentía que perdía mi tiempo y me estaba yendo mal en la escuela. Por lo que hice lo mejor y único que sabía hacer cuando las cosas se complicaban: renuncié. Sin embargo, no renuncie como un profesional, renuncié de la única manera que sabía: dejar de contestar correos electrónicos y llamadas telefónicas porque es más fácil esconderse y pretender que no pasa nada a enfrentar la realidad.

No obstante, el profesor obtuvo mi horario de la base de datos de la escuela y me fue a buscar personalmente a mi salón de clases. Me dijo que tenía miedo de que estuviera enojado yo con él o que si él había dicho algo que me haya ofendido porque él estaba conscience de que la gente decía que él tenía mal carácter. Al verme orillado a enfrentar la realidad, confesé que no me gustaba lo que estaba haciendo, que el trabajo se me hacía muy pesado y estaba reprobando mis clases. El profesor a pesar de que lo defraude en el pasado, me hizo el favor de ponerme en contacto con otra investigadora trabajando con intereses parecidos a los míos por si me interesaba regresar a trabajar como asistente.

Un buen día decidí re-abrir mi negocio de páginas web en Monterrey y empecé a vender sitios otra vez. A veces pienso que tengo un poder sobre natural para vender, ya que en cuestión de días ya tenía dos clientes que me habían pagado antes de empezar el proyecto. Estuve durante meses como estudiante de Ingeniería, asistente de investigador y diseñador de páginas web. Sin embargo, él que a muchos amos sirve a uno le tiene que quedar mal, y en éste caso fue la escuela. Ese semestre reprobé 5 de las 7 materias que estaba cursando.  Por lo que decidí cerrar mi negocio, dejando clientes a la deriva nuevamente y otra vez no me puse en contacto con ellos, y pensé que tener un título universitario era mejor que tener un negocio (si, así de tonto estaba).

Eventualmente seguí reprobando materias en la universidad, simple y sencillamente porque me dejó de llamar la atención y decidí venirme a ver mi suerte a los Estados Unidos. Como se imaginaran, ni siquiera terminé el semestre, un buen día empaqué mis cosas, le dije a mi compañero de cuarto “Ya me voy y no voy a regresar” y me fui.

Cuando llegué aquí, llegué con una mano atrás y otra adelante por lo que encontrar trabajo era obligatorio. Creo que siempre he tenido en la sangre los “negocios” porque cuando no pude encontrar trabajo en éste país decidí empezar a ofrecer tutorías de Matemáticas a estudiantes universitarios. Eventualmente, la esposa de un señor muy rico me contrató para que le diera tutorías. Un buen día, después de haber terminado la tutoría con la señora. Su esposo me pregunto que estaba estudiando y le dije que ciencias de la computación; después me preguntó que si conocía a alguien que supiera hacer páginas web y le dije que yo, y tuve un nuevo cliente. Cuando terminé su página, él me recomendó con otra persona, y esa persona con otra y en un abrir y cerrar de ojos empecé otra vez mi negocio de páginas web en Estados Unidos. Ahora cobraba en dólares y se abrió un nuevo mundo de oportunidades.

Durante un tiempo me fue más que bien, hasta me compré dos carros. Tenía 21 años y tenía absolutamente todo lo que quería. Sin embargo, un buen día decidí cerrar mi negocio porque me acordé que no me gustaba hacer páginas web. Aparte, nuevamente, me empezó ir mal en la escuela y volví a reprobar materias, y nuevamente preferí la escuela que mi negocio. Sin embargo, en ésta ocasión cuando intenté hacer lo único que sabía hacer cuando renunciaba (dejar de responder correos electrónicos), un cliente me demandó. Había olvidado que los “contratos” son documentos legales, y existen precisamente para proteger a las personas de proveedores irresponsables como yo y a los dueños de negocio de clientes morosos (como yo). Al final de cuentas, o entregaba el sitio completo en una semana o tenía que regresar todo el dinero con gastos de compensación. Tuve que terminar el sitio porque mis ahorros no eran suficientes para compensar a mi cliente.

Fue entonces cuando me di cuenta que ya no era un niño jugando a ser adulto, y que simplemente ya no iba a poder esconderme de la realidad. Esconderse me había funcionado muy bien durante los últimos 8 años, pero no significa que iba a seguir funcionando. Por lo que decidí tomar nuevamente la ruta mas corta: Darme por vencido. Lo que eventualmente me llevó a vivir en el peor estado de mi vida durante 2 o 3 años.

Lo peor que puedes hacer es darte por vencido sin estar derrotado. Darte por vencido cuando estás en tu mejor momento. Imagina que estás en la final de la copa del mundo, vas ganando 3 a 0 y el equipo contrario, en un descuido, te mete un gol y piensas “No!! En 5 minutos me van a meter 4 y voy a perder, mejor renuncio”. Eso es lo que yo había hecho durante una gran parte de mi vida. Cuando tuve que enfrentar la realidad, no pude y me deprimí. Me deprimía ver hacia el pasado, y pensar en todo lo que pude haber logrado y darme cuenta que no había logrado nada. Me deprimía ver a mis amigos de Monterrey graduándose y yo seguía estudiando una carrera que me aburría porque absolutamente todo estaba desactualizado. Me deprimía ver gente mas joven que yo alcanzando mis metas y viviendo mis sueños, y una vez que estás en esa etapa es muy difícil salir. Afortunadamente, llegó a mi vida una persona que no se porque se terminó casando conmigo. Impresionantemente, escuchó mi historia y me dijo “yo creo en ti”, y a pesar de las miles de veces que la defraudé, y los cientos de veces que recaí en la depresión desde el momento que en que entró mi vida siempre estuvo ahí para apoyarme.

Aunque parezca todo lo contrario, todo éste artículo no es una respuesta a mi amigo (porque te considero mí amigo) que hoy me escribió que renunciaba. Éste artículo es para mi esposa por que a pesar de que se casó con un “derrotado” sigue a mi lado, apoyándome cuando todas las cosas parecen que van mal. No sé donde estaría, si ella nunca hubiera entrado a mi vida.

Con respecto a ti, amigo que me escribiste diciendo que renunciabas. Te admiro porque tuviste el valor de decirlo. Eres mas valiente de lo que yo fui o algún día seré. Si me pides mi opinión, yo creo que te metieron un gol, pero todavía vas ganando el partido. No abandones tus pasiones, especialmente si tu pasión es una tan lucrativa como la programación. Yo creo en ti y si decides volver a programar, cuenta conmigo para seguirte apoyando.

Para el resto de mis lectores, muchas gracias por su voto de confianza, muchas gracias por el tiempo que me dedican y por las palabras de aliento que me escriben todos los días. Bien dicen que no se aprende en cabeza ajena, pero si de algo les sirve éste artículo es que si estás haciendo cosas mal y saliéndote con la tuya, eventualmente esas cosas te van a alcanzar y vas a pagar las consecuencias. También,  a lo largo de mi corta estancia en este mundo, me he dado cuenta que él que persevera, si alcanza y que para todos sale el sol, a algunos les sale mas tarde y a otros mas temprano, pero eventualmente sale. Sin embargo hay quienes deciden vivir en la oscuridad por convicción propia,;no seas una de esas personas. Si en éste momento estás viviendo en la oscuridad, abre la ventana para que entre luz, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

A %d blogueros les gusta esto: